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Carlos Martínez, director
16/11/2005 - chc

Luego de trabajar durante 30 años en diferentes roles en cine y teatro, este argentino llegó a dirigir su ópera prima, en la que pretende rescatar el espíritu rebelde y solidario de la década del 70.

Sinopsis de "Rosas rojas...rojas"

Fines de los sesenta, mayo en París, la Primavera de Praga, la liberación sexual ¿Cómo se vivían las noches de Buenos Aires, en aquellos años de irrenunciables ideales y encendidas pasiones?

En las calles y cafés, el salón de baile, el antiguo bodegón, saltando del romanticismo al erotismo, del juego verbal a la acción desesperada, intelectuales, prostitutas, locos soñadores y marginales cómplices, viven esta vertiginosa historia de tangos, amores inconfesables y utópicas conspiraciones.

Entrevista con Carlos Martínez, director

¿Por qué eligió los fines de los sesenta y ese espíritu de efervesencia para su filme?
Era una época de lucha y cuestionamiento a las estructuras sociales opresivas; el mundo fue impactado por las revueltas de mayo en Paris, el intento de socialismo con democracia en Checoslavaquia, luego reprimido, en la Argentina el Cordobazo, que hizo caer al General Onganía de la Presidencia, y al mismo tiempo de gran riqueza intelectual y renovación en el cine (Godard, Antonioni, Buñuel, Bergman). El centro de Buenos Aires era un hervidero de inquietudes y personajes nocturnos como los de la película.

¿Cómo nació la idea de "Rosas rojas...rojas?
Trabajando con el gran músico argentino Jorge Valcarcel (fallecido el año pasado) nos motivaban fuertes imágenes como la joven florista vendiendo rosas por las noches (que existe realmente) en un ambiente de prostitutas, pederastas, sangre derramada a cuchilladas en peleas de borrachos, intelectuales trasnochados y románticas ilusiones, frente a una realidad social injusta que reclamaba cambios profundos.

¿Cómo la definiría?
Desde su contenido es una defensa de las utopías, de las luchas que valen por sí aunque se pierdan, de la búsqueda desesperada de la verdad y la justicia como valores en sí. De la solidaridad entre desamparados. Y al mismo tiempo es una búsqueda de la belleza formal en una forma de relato que surge como necesidad de ese conenido.

¿Cuáles son sus recuerdos de esa época?
Las dobles trasnoches viendo el cine de los grandes directores, las charlas despues en el café, la florista pasando cuando era una nena, el compromiso con lo que nos pasaba en la Argentina, la necesidad de rebelarse, de no aceptar la opresión, y la urgencia por hacerlo, no era posible esperar que lo hiceran otros, era nuestro hora y nuestro deber.

¿Qué tipo de personajes e ideales cree que había en esa época que se fueron perdiendo?
El mundo ha cambiado, pero los valores son igualmente rescatables, sólo las formas deben adecuarse a la época. La avenida Corrientes, el centro de Buenos Aires, ya no tiene aquella vigilia de 24 horas, aunque ciertos lugares no cierran aún hoy, pero las prostitutas, los locos y los niños se encuentran en las calles todavía, Internet no los ha sacado del desamparo, la sociedad sigue en deuda con sus marginales.

¿Cómo fue el trabajo con actores tan experimentados como Ulises Dumont, Alicia Zanca o Mauricio Dayub?
Nos conocemos desde hace muchos años, de las temporadas de teatro, Mauricio fue mi alumno en sus comienzos, Alicia mi compañera de elenco en el Teatro Nacional Cervantes, con Ulises no había trabajado antes, siendo él uno de nuestros más grandes actores de cine me sentía orgulloso de tenerlo pero al mismo tiempo dando examen ante él. Los primeros días me hacía breves preguntas sobre las escenas (ya tenía una profunda comprensión de su personaje) y me observaba trabajar, mientras entregaba unas actuaciones soberbias.

Al poco tiempo fue dando muestras de que respetaba y valoraba mi trabajo como director, fuimos entrando en confianza, y ahora somos muy amigos.

En el montaje uno termina de descubrir la grandeza de un actor, cuando encuentra esos "regalos sutiles" que no llegan a percibirse en el fragor del rodaje, y un actor como Ulises deja ante la cámara generosa y silenciosamente para beneficio de la película.

¿Qué lugar tiene en la película la música compuesta por Jorge Valcarcel?
Es esencial a la película. Aquí no se puede hablar de "musicalización" o "música de fondo" o "incidental". Forma parte de la creación desde el comienzo, integra su contenido en el mismo nivel que la imagen y los diálogos, interactúa con los otros componentes y los modifica. En muchos casos, como el candombe, los tangos y el vals y el réquiem, los temas fueron compuestos junto con la escritura del guión, siendo determinantes en el momento de filmar.

No le perdono a Valcarcel que se haya muerto cuando habíamos llegado a semejante complementación. No es sólo su talento o su trayectoria. El afinaba su guitarra tomando las notas de las vocales, de la voz de los actores, y entonces resulta que sus voces armonizan con la música, y te podría decir, José, que yo "afinaba" la cámara escuchando su música. No serán así las próximas, pero "Rosas rojas...rojas" tiene estos privilegios.

¿Qué siente al dirigir su primera película, luego de tantos años de trabajo?
Es un punto de llegada y de partida, el comienzo de una nueva etapa. Como si todo lo anterior, los estudios, el teatro, el palpar las reacciones del público todas las noches, la acumulación de contenidos por comunicar a lo largo de una vida de luchas en este bendito país, las horas y años de cámara y montaje contratados para otras producciones, hubieran sido a propósito para tener lo que necesito ahora. Tal vez lo ha sido, como una decisión "in pectore" desde aquellas películas vistas en los fines de los sesenta.

¿Qué análisis hace de la actualidad del cine argentino?
No puedo hablar de todo el cine argentino, aunque quisiera hay mucho que no llego a ver. Desde el lugar que ocupo puedo decir que estamos haciendo bastante cine, con respecto al desarrollo de nuestro país, tal vez más de lo que esta sociedad necesita (me azotarán por decirlo, pero se hace menos de lo necesario en otras áreas), pero aún así no se llegan a satisfacer las ansias de los que desean hacerlo, y estudian para ser actores, directores, sonidistas, algunos lo lograrán, otros a medias, otros serán taxistas.

Como resultado habrás visto cada año algunas buenas películas, y eso le da sentido al esfuerzo. Algunas viajan a los festivales y algunas son reconocidas, esto es cierto y alimenta nuestro orgullo (como si no lo tuviéramos por demás...); también es cierto que la mayoría de las películas argentinas son vistas por pocos espectadores argentinos, que las han pagado a través de la Ley de Cine, una buena ley que no se aplica del todo mal, ni del todo bien; también es cierto que hay políticas interesantes al respecto, con ribetes muy opinables.

¿Cuáles son sus próximos planes?
He quemado las naves, dejé todas mis actividades anteriores, vendí mi casa para terminar esta película. Estoy escribiendo el guión de la próxima con Roberto Cossa, a pesar de las exigencias del estreno mañana nos reunimos para continuar. Es un proyecto muy motivador, que me compromete profundamente. Una reconstrucción de hechos reales de la historia reciente, muchos de cuyos protagonistas están vivos y quieren ser oídos.

Acerca del director

Carlos Alberto Martínez nació en Buenos Aires, en 1951. Estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Buenos Aires y también teatro, música, pantomima, guión cinematográfico, realización y fotografía.

En la década del setenta, el compromiso social ocupa el lugar del arte. En los ochenta escribe, actúa y dirige en el Teatro Nacional Cervantes, el Teatro San Martín: "Mimojuegos", "Visita Mimada" "Primaveras" "Krinsky".

Durante los noventa desarrolla una nueva etapa: videos, cortometrajes, documentales, "Caza mayor", "Picasso!!!", "Fertilización in vitro". Con estas piezas llegan los reconocimientos y la oportunidad de producir para televisión ciclos como "Entreactos" y "Abriendo valijas".

En el cine de largometraje, distintas películas lo incluyen para hacer cámara, fotografía y montaje. En el 2004 termina "Rosas rojas...rojas", el primer largometraje de ficción que dirige y produce. Actualmente está terminando con Roberto Cossa el guión de su próxima película, "El día y la noche", basada en hechos reales de la historia reciente.

Sobre Jorge Valcarcel, autor del libro y la música, por Carlos Martínez

Jorge Valcarcel ha sido uno de los grandes compositores de música para espectáculos, pero más aún, ha sido uno de los artistas irreemplazables de nuestra generación. Cuántos de la generación siguiente han crecido en aquellos talleres que hacía junto a Tito Cossa, Antonio Pujía y Carlos Alonso y cuántos hemos agradecido su oído y su mirada.

Más de 50 obras estrenadas en el Teatro San Martín, unas 30 en el Cervantes y muchas más en el teatro independiente, todos los premios del rubro, el Municipal, el Molière, el ACE, Pepino el 88, pura estadística, es mejor recordar sus inolvidable melodías: Príncipe Azul, Yepeto, El Gran Circo Criollo, La Nona, Destiempos, Los Compadritos, Ya nadie recuerda a Frederick Chopin, Peer Gynt.

Sin duda su placer era el teatro, la TV y el cine sólo lo tuvieron cuando el proyecto lo seducía, como aquellos "Cuentos para ver" que dirigía Beatriz Matar, o "El arreglo", porque era guión de Tito y Somigliana con dirección de Ayala. Yo tuve el privilegio de hacerme amigo trabajando, cuando hacía la Visita Mimada en el Cervantes, y después de bastante teatro hicimos juntos "Yo soy la libertad", un telefilm sobre las mujeres del teatro de Lorca que se vió en España, acá no, y entonces hicimos Abriendo Valijas hasta que nos cerraron el canal Bravo.

"Rosas rojas...rojas" fue un deseo compartido durante años, improvisamos imágenes y músicas hasta que una madrugada me despertó leyéndome diálogos por teléfono: el contenido lo sabíamos, pero las palabras tenían ritmos, acentos distribuidos en compases, Jorge no escribía la prosa, la componía. En pocos días se estrena su última obra, con letra y música.




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