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'Munich', de Steven Spielberg
 
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"Munich", de Steven Spielberg
28/12/2005 - chc

La última producción del director de "Tiburón" hace foco en los crímenes realizados por un grupo de terroristas en los Juegos Olímpicos de 1972 en Alemania.

Estreno en España: 27 de enero.

Sinopsis
En septiembre de 1972, un atentado terrorista sin precedentes fue retransmitido en directo para 900 millones de telespectadores, augurando el comienzo de un nuevo mundo marcado por una violencia impredecible.

Ocurrió durante la segunda semana de los Juegos Olímpicos de verano que se celebraban en Munich. "Los Juegos Olímpicos de la Paz y de la Alegría", así se llamaban, habían empezado muy bien con el nadador Mark Spitz y la gimnasta Olga Korbut levantando pasiones. Pero, sin previo aviso, un grupo extremista palestino conocido como Septiembre Negro entró en la Ciudad Olímpica, mató a dos miembros del equipo olímpico israelí y se hizo con nueve rehenes. El tenso enfrentamiento y la trágica matanza productos del secuestro fueron retransmitidos en directo en todo el mundo y acabó 21 horas más tarde.

Con los acontecimientos de Munich, el mundo conoció por primera vez el terror en directo, pero poco se supo de las consecuencias del atentado. El director Steven Spielberg ha rodado "Munich", un estremecedor thriller basado en los sucesos de Munich 1972 y la terrible operación de venganza conocida por los israelíes como "Operación Cólera de Dios", el complot para asesinar más osado y agresivo de la historia moderna. La película relata con detalles de gran realismo ese secreto momento de la historia que sigue conmoviéndonos como entonces.

El protagonista de la historia es un joven agente secreto israelí, Avner. Uno de sus superiores en el Mosad, llamado Ephraim, habla con Avner, que sigue dolido y furioso por el salvaje atentado, para proponerle una misión sin precedentes en la historia de Israel. Le pide que abandone a su esposa embarazada, que olvide su identidad y desaparezca de la faz de la tierra para cazar y matar a los once hombres acusados por los servicios secretos israelíes de haber planeado la matanza de Munich.

A pesar de su juventud y de su falta de experiencia, Avner no tarda en convertirse en el líder de un equipo de cuatro miembros (además de él) tan diferentes como hábiles: Steve, un surafricano temerario y duro es el conductor; Hans, un judío alemán experto en falsificar documentos; Robert, un fabricante belga de juguetes reconvertido a fabricante de explosivos; y Carl, un hombre silencioso y metódico que se encarga de "limpiar" cuando los demás se van.

Desde Ginebra, Frankfurt, Roma, París, Chipre, Londres hasta Beirut, Avner y su equipo viajan de incógnito, buscando a cada uno de los objetivos incluidos en una lista secreta, asesinándolos uno a uno mediante complicados complots. Obligados a trabajar fuera de la ley, siempre de un lado a otro, sin hogar ni familia, la única conexión con otros seres humanos son los demás miembros del equipo. Pero incluso esta relación se resquebraja cuando los cuatro empiezan a discutir por preguntas que se hacen cada vez más presentes:"¿A quién matamos exactamente? ¿Es posible justificarlo? ¿Detendrá esto el terror?"

Atrapados entre el deseo de justicia y las crecientes dudas, la misión empieza a corroer las almas de Avner y de su equipo, al mismo tiempo que se hacen conscientes de que cuanto más tiempo dure la caza, más probabilidades habrá de convertirse en presas.

Volviendo a Munich
"Nuestros peores temores se han hecho realidad". Con estas palabras, pronunciadas el 6 de septiembre de 1972, el presentador de televisión Jim McKay anunció a Estados Unidos que los once miembros de la delegación israelí que un grupo de palestinos había secuestrado en la Ciudad Olímpica de Munich, habían fallecido. La mayoría había muerto en la pista del aeropuerto de Furstenfeldbruck a las afueras de Munich en medio de una chapucera operación de rescate organizada por las fuerzas del orden alemanas. Una oleada de sorpresa recorrió un mundo revuelto. Además de los conflictos de Vietnam, Irlanda del Norte y Oriente Próximo, el descontento invadía las calles de Estados Unidos y Europa. Estos Juegos Olímpicos simbolizaban una unidad global muy necesaria y una isla de paz.

Pero no fue así. El mundo no tardó en aprender que los hombres que habían entrado en la Ciudad Olímpica vestidos con chándales, armados con Kalashnikov y granadas, eran fedayines (significa "hombres de sacrificio"). Varios habían sido reclutados en los campos de refugiados en Jordania, Siria y Líbano. Su objetivo era llamar la atención internacional hacia la causa palestina e intercambiar los rehenes por 234 prisioneros palestinos, además de los notorios terroristas alemanes Andreas Baader y Ulrike Meinhof.

El inquebrantable gobierno israelí liderado por Golda Meir rehusó entablar negociaciones desde un principio; así mismo, Alemania no permitió que un equipo de las fuerzas especiales israelíes actuara en Munich. En vez de eso, la policía alemana lanzó una serie de nefastas operaciones de rescate. Todo empezó en la madrugada del 5 de diciembre y duró exactamente 21 horas durante las que fallaron varios planes de emergencia. Acabó con un tiroteo caótico en el aeropuerto en el que murieron los rehenes, cinco secuestradores y un policía alemán. Unas semanas después, durante lo que fue estimado por muchos como algo planeado entre el gobierno alemán y el palestino, los tres fedayines supervivientes fueron liberados a cambio de los pasajeros de un avión secuestrado de la Lufthansa.
Se celebró una misa conmemorativa y los Juegos Olímpicos siguieron su curso a pesar de la triste atmósfera. Los medios de comunicación y el mundo entero intentaron recuperar la normalidad.

Lo que siguió nunca fue noticia. Oficialmente, Israel respondió al atentado el 9 de septiembre bombardeando bases de la OLP en Siria y en Líbano. Pero, al mismo tiempo, la primera ministra Golda Meir y el supersecreto "Comité X" del Gabinete israelí autorizaron otra misión de la que nunca se hablaría. Decidieron realizar un enorme esfuerzo con el fin de meter miedo a cualquier terrorista que quisiera amenazar a Israel: eliminarían como fuera a los once responsables de planear el atentado de Munich.
Mediante la "Operación Cólera de Dios", un programa de asesinatos muy controvertido, al menos trece hombres fueron sentenciados a muerte sin ser juzgados. Las acciones del equipo de anónimos y expertos asesinos escogido por Israel tuvieron un fuerte impacto con ecos que todavía resuenan hoy. A pesar de que el Gobierno y los servicios secretos israelíes, el Mosad, no hayan reconocido nunca la existencia de este equipo de asesinos, un cierto número de libros y de documentales, basándose en fuentes internas, han ofrecido detalles acerca de cómo y por qué la "Operación Cólera de Dios" cumplió con el objetivo.

Además, dos generales israelíes confirmaron públicamente que los equipos de asesinos existieron: el general Aharon Yariv en un documental de la BBC en 1993, y el general Zvi Zamir en una entrevista del programa "60 minutes" en 2001.

Para el productor Barry Mendel, los acontecimientos de Munich 1972 nunca dejaron de ser un recuerdo intenso y desgarrador. Cuanto más aprendía, más importancia cobraban. Por eso empezó a pensar en un thriller que llevara a la reflexión acerca de la parte más desconocida de la historia. Barry Mendel recuerda perfectamente el suceso y la sensación de que algo había cambiado para siempre en el mundo.

"Recuerdo a Mark Spitz ganando medallas. Al día siguiente, nos despertamos, pusimos la tele para seguir la competición. En vez de eso, estaba Jim McKay explicando lo que había pasado", recuerda el productor. "Toda la familia se quedó pegada al televisor. Nos pasamos el día siguiendo los acontecimientos y supe que había pasado algo que el mundo nunca olvidaría".

Barry Mendel desarrolló el proyecto durante cuatro años antes de contárselo a Kathleen Kennedy, con la que ya había trabajado en el innovador thriller "El sexto sentido". Se lo contó a su vez a Steven Spielberg que finalmente decidió llevar el proyecto a la gran pantalla al acabar la taquillera "La guerra de los mundos", la apocalíptica película basada en el clásico de ciencia-ficción de H.G. Wells.

Nada más enterarse del proyecto, la productora estaba convencida de que la historia encajaría a la perfección en el ecléctico abanico escogidos por Steven Spielberg hasta la fecha. "Steven tiene un don para contar historias; con material como éste y un tema de tanta importancia, estaba entusiasmada con las posibilidades", dice Kathleen Kennedy. "No se me ocurría nadie que pudiera hacerlo tan bien como él".

Y sigue diciendo: "hoy en día, el bombardeo de información es constante; pasan muchas cosas cada día. Creo que volver atrás y tener perspectiva es algo que pueden hacer los directores y las personas que cuentan historias para asegurarse de que no olvidemos lo que pasó. Creo que es una de las razones fundamentales por las que Steven quiso hacer la película. Lo que ocurrió entonces explica muchos acontecimientos actuales. Nos hace dar un paso atrás y preguntarnos qué ocurrió hace 33 años y qué nos ha enseñado. Pero también es un thriller que no deja relajarse a nadie y que atraería aunque no se basara en hechos reales".

No es la primera vez que Steven Spielberg explora importantes momentos de la historia. Ya lo hizo con películas como "El imperio del sol", "La lista de Schindler" y "Salvar al soldado Ryan". La historia de "Munich" también plantea preguntas vitales acerca del mundo actual y futuro, razón por la que el director quiso mostrar el acontecimiento ocurrido hace 33 años con más detalles humanos de lo que se había hecho hasta ahora.
Steven Spielberg también tiene recuerdos muy intensos de aquel día: "recuerdo perfectamente dónde estaba, el televisor y el programa. Estaba viendo, como todo el mundo en Estados Unidos, 'Wide World of Sports', cuando ocurrió", dice. "Me impresionó de forma imborrable y creó que esta impresión fue aún mayor cuando, años más tarde, vi el documental "One Day in September" (Un día de septiembre)".

El director decidió basar la historia en el suspense y en las emociones humanas. Le intrigaba una pregunta que nadie parecía haber hecho: "¿En qué medida se vieron afectados los hombres encargados de llevar a cabo la misión? Después de que Eric Roth ("Forrest Gump", "El dilema") escribiera un primer guión basándose en el libro "Venganza", del periodista canadiense George Jonas, Steven Spielberg y Kathleen Kennedy decidieron pedir al dramaturgo Tony Kushner que se uniera al equipo en calidad de guionista.

Su obra "Ángeles en América", reconocida internacionalmente, estudia las múltiples cuestiones sociales, políticas, sexuales, raciales y religiosas a las que se enfrentaba Estados Unidos a finales del siglo XX, pero nunca había escrito un guión. Tony Kushner se reunió con Kathleen Kennedy y le gustó el concepto que la productora le presentó de "Munich". "Me di cuenta de que me proponían una historia tenebrosa, problemática y complicada que no trataba del atentado en sí, sino de sus consecuencias y de la política de crear equipos de asesinos con objetivos definidos. De pronto, estaba interesado", recuerda.

Al principio, el dramaturgo se limitó a escribir unas notas comentando el primer guión, sin querer comprometerse a trabajar en el guión. Pero el director no le dejaba en paz y Tony Kushner acabó por aceptar el reto.

Para Steven Spielberg, la participación del dramaturgo fue de vital importancia. "No estaba seguro de dirigir "Munich" hasta que empecé a leer lo que había escrito Tony. A partir de ese momento, todo empezó a encajar", dice. Kathleen Kennedy añade: "creo que Steven sintió que tenía una asociación creativa con alguien que entendía la complejidad del tema. Supo que se sentiría cómodo con el guión a la hora de rodar".

Tony Kushner también recuerda claramente aquel fatídico día de 1972. "Fue un momento transformador. Tenía 17 años; fue algo tremendo para mi familia y para mí. Estábamos desconsolados. Recuerdo la ira que sentían los estadounidenses y sobre todo la rabia por cómo se había enfocado la situación".

Pero el dramaturgo no quería tener opiniones preconcebidas al escribir el guión. Estaba más interesado en plantear preguntas provocadoras que en ofrecer respuestas concretas. "Es una historia llena de paradojas y contradicciones", explica. "También es una historia acerca de una operación secreta, por lo que nada es seguro y probablemente, nunca lo sea. Por eso nos permitimos inventar algunas cosas y tratar a los personajes desde un punto de vista humano. Creo que hemos creado una obra muy correcta de 'ficción histórica'".

Pero construir los personajes en un nivel más humano y profundo representaba muchos retos. "Siempre me han gustado las dificultades", reconoce Tony Kushner. "La mayor dificultad a la hora de escribir esta historia, y lo sabíamos desde el principio, es que nuestros protagonistas son cinco hombres que se dedican a asesinar a gente. Debían ser creíbles como agentes secretos, no digo al estilo James Bond, sino como los auténticos agentes que trabajan para la inteligencia. Al mismo tiempo, había que plantearse quiénes eran realmente esos hombres. Lo que más me fascinó fue calibrar los personajes, sobre todo a Avner".

Sigue diciendo: "Avner es el líder del grupo, aunque no es un jefe en el sentido convencional de la palabra. Pero, ¿por qué empieza a molestarle su conciencia? ¿Cómo empiezan a chocar su sentido de la ética y su necesidad de sobrevivir? Poco a poco, se convirtió en la historia de un hombre cuya decencia moral no le deja descansar".

El proyecto careció de título durante mucho tiempo, pero según iba escribiendo, Tony Kushner se inclinaba cada vez más por "Munich". El director estaba de acuerdo en que era el título perfecto para una película que presenta un acontecimiento estremecedor que evoluciona hacia un dilema moral.

"Me gusta la simplicidad del título. La película empieza con un hecho duro e histórico, para demostrar que no es nada simple y que todas las certezas que lo rodean pueden ser cuestionadas", explica el dramaturgo. "Además, "Munich" tiene muchas resonancias. No sólo es Munich 72, también es el lugar de nacimiento del nazismo. Tiene un sonido metálico que parece encajar con el tema principal de la historia"

Incluso después de una intensa colaboración durante la escritura del guión, Tony Kushner sentía mucha curiosidad para saber adónde llevaría Steven Spielberg la historia una vez que empezase a rodar. "Nadie conoce el suspense como Steven", dice. "El espectador sabe que acaba metido en lo que pasa en todas sus películas. Lo interesante es que entre el suspense de este thriller, aparecen cuestiones que dan pie a otras. Creo que encontró la forma de mezclar varios géneros para realizar una película muy interesante".

La visión y la seguridad del director, basadas en su amor por el cine y sus años de experiencia, le permitieron dirigir "Munich" de forma diferente a sus anteriores películas. A pesar de tener una visión muy clara de la historia, no se sirvió de un storyboard. Trabajó de forma muy espontánea y orgánica, basándose en la intuición para desarrollar cada escena.

Por lo tanto, la colaboración entre el equipo artístico y técnico durante el rodaje debía ser muy estrecha. Daniel Craig, un miembro del equipo de asesinos, dice: "Steven es extremadamente fluido a la hora de dirigir. Si ve algo, intenta usarlo inmediatamente. Me entusiasma trabajar así, aunque también da miedo. Pero si ése es el estilo de rodaje, es mejor estar con Steven Spielberg. Aporta un sinfín de conocimientos cinematográficos".

200 actores en acción
Antes de empezar a rodar "Munich" fue necesario emprender una búsqueda internacional para encontrar a los actores que interpretarían los casi 200 papeles del complicado guión, desde famosas figuras políticas a agentes secretos que se mueven en la sombra. Armada con una descripción general de la historia y con la promesa de trabajar con Steven Spielberg, la directora de casting Jina Jay recorrió el planeta en busca de rostros frescos e interesantes. Se concentró en encontrar actores capaces de construir personajes viscerales y reales, en vez de basarse en estrellas para sostener la película.

Steven Spielberg dice: "esta película tiene más papeles hablados que cualquier otra que haya dirigido, incluida "Atrápame si puedes". Con tantos personajes en una historia complicada que abarca dos años y numerosos países, me pareció muy importante que incluso el personaje más pequeño fuera tan interesante como el principal. La película relata un episodio trágico y doloroso de nuestra historia colectiva, y necesitaba un increíble reparto coral para contarla".

"Por suerte, estábamos en contacto con maravillosos agentes de todos los rincones del mundo", dice la directora de casting Jina Jay, que reunió a actores procedentes de países tan diversos como Argelia, Egipto, Grecia, Irak, Irán, Israel, Jordania, Líbano, Marruecos, Siria, Túnez, Yemen, Albania, Austria, Francia, Alemania, Polonia, Rumania, España, Suecia, Reino Unido, Estados Unidos, Canadá y Japón, además de actores locales de Malta y Hungría, los dos países que acogieron el rodaje principal.
La base del reparto era encontrar a los miembros del grupo, cinco hombres sin nada que ver uno con otro y que, poco después del atentado de los Juegos Olímpicos de 1972, están dispuestos a dejar a un lado sus vidas, abandonar su verdadera identidad y aceptar la peligrosa misión secreta que les ofrece Israel.

Steven Spielberg tenía muy claro lo que buscaba en cada uno de ellos. "No sólo quería que no se parecieran en nada físicamente, también debían tener diferentes estilos de interpretación, diferentes acentos, diferentes personalidades", explica el director. El inesperado líder del grupo es el más joven y el único israelí. Avner está dispuesto a morir por su país, pero nunca ha matado a nadie. Para el papel de Avner, el director siempre pensó en Eric Bana, al que había visto en la adaptación de Ang Lee de Hulk. "Cuando le vi en "Hulk", vi simpatía, fuerza e incluso un toque de miedo en su mirada, una cualidad muy humana. Estaba decidido a que Avner fuera un ser humano, por eso pensé en Eric desde el principio", dice Steven Spielberg.

Eric Bana estaba en Los Ángeles rodando "Troya" en el otoño de 2003 cuando le avisaron que Steven Spielberg quería verle. Se reunieron en el plató de La terminal y el actor se quedó muy sorprendido al saber que el director quería que encarnara al protagonista en un intenso thriller acerca de los controvertidos grupos letales empleados por Israel. "Estaba asombrado, entusiasmado y asustado", recuerda el actor.

Aunque nació y creció en Australia, al igual que numerosos miembros del equipo artístico y técnico, Eric Bana tiene recuerdos de lo sucedido durante los Juegos Olímpicos de Munich. "Sólo tenía cuatro o cinco años, pero algunas imágenes se me quedaron grabadas; es una historia que se hizo cada vez más familiar con el paso del tiempo. Es un acontecimiento que siempre vuelve por su aparente actualidad".

Eric Bana empezó a investigar con detenimiento para el papel, documentándose no sólo acerca del propio atentado y de la vida de un agente del Mosad, sino también acerca de la compleja historia del conflicto de Oriente Próximo. Durante el proceso, se sintió cada vez más intrigado por la crisis personal que sufre Avner y que hace tambalear su fe. "Avner pasa por un auténtico proceso evolutivo", dice el actor. "Empieza como alguien muy enojado por lo acontecido en Munich. Luego, a pesar de su juventud, debe acometer una tremenda tarea y no tarda en aprender a liderar el equipo. Al principio, cuestiona el cometido del grupo, pero con el tiempo se endurece. A medida que el resto del grupo empieza a tener dudas, Avner opta por la posición contraria. Al final de la película, se siente cada vez más desgarrado por el camino que ha escogido y en lo que se ha convertido".

Eric Bana disfrutó con la amistad que nació entre los cinco actores que interpretan a los miembros del grupo de asesinos. A pesar de proceder de países y entornos diferentes, no tardaron en formar un grupo muy unido en Malta. Incluso ellos se quedaron sorprendidos. "Espero sinceramente que el compañerismo sea palpable en la pantalla porque era auténtico", dice Eric Bana. "Todos venimos de lugares diferentes, tenemos opiniones diferentes y hablábamos de cualquier cosa, discutíamos, pero nos respetábamos profundamente. Fue una experiencia increíble".

El actor británico Daniel Craig, que ha sido noticia hace poco al ser escogido para ser el nuevo rostro del legendario agente 007, James Bond, se unió al reparto para interpretar a Steve, el surafricano que parece ser el miembro más duro, valeroso y decidido.

"Steve es un personaje que, a primera vista, parece muy fuerte y muy seguro de sí mismo", explica Daniel Craig. "Como los demás, cree en la misión porque cree en Israel. Cree que hay que tomar represalias después del horror de Munich. Es alguien que siempre ha solucionado los problemas como 'un toro en una tienda de porcelana'; se lanza y luego piensa en las consecuencias. Al principio, Steve está muy decidido, pero según avanza la historia, los horrores que cometen empiezan a minar su seguridad. Es la parte que me interesaba del papel y por la que quería hacer la película. Es un personaje imperfecto, no está preparado para la tormenta emocional que se despierta en su interior".

Daniel es demasiado joven para haber visto las imágenes del atentado de Munich 72, pero hace tiempo que es consciente de lo que pasó entonces. "Creo que las repercusiones de aquel día han cambiado nuestras vidas", dice. "Fue como el fin de la inocencia para el mundo, y seguimos sufriendo las consecuencias. Es uno de los acontecimientos más significativos del siglo XX. Por fin, "Munich" pone un rostro humano a lo ocurrido".

Daniel Craig es inglés e interpreta a un surafricano, pero Mathieu Kassovitz es francés e interpreta a Robert, el belga, un talentoso fabricante de juguetes que tiene una gran habilidad para fabricar explosivos. Mathieu Kassovitz es también un conocido director y, hace algún tiempo, decidió no actuar más. Le dijo a su agente, a modo de broma, que no le llamara a menos que fuera para trabajar con Spielberg. Y así fue. En cuanto leyó el guión, aceptó el papel.

Dice: "el guión me dejó asombrado por su estructura, sutileza, inteligencia, fuerza y agallas. Me parece una película muy hábil acerca del concepto de venganza".
Al actor también le intrigaba el camino que emprendía su personaje al ser el miembro menos decidido del grupo."Robert es un personaje interesante porque, al contrario que los demás miembros del grupo, no está entrenado para matar", explica Mathieu Kassovitz. "Más bien es alguien que apoya a Israel y cree que está preparado para luchar por el país y sus convicciones. Se enroló en el ejército israelí durante la guerra de los Seis Días. Al trabajar habitualmente con piezas mecánicas muy pequeñas para fabricar juguetes, se convirtió en desactivador de bombas. Pero lo pasa muy mal".

Efectivamente, Robert apenas consigue controlar las emociones que su brutal trabajo le producen. "Es más sensible que los demás", comenta el actor. "Le cuesta enfrentarse a la violencia. A pesar de formar parte del grupo, hay ciertas cosas que no puede hacer".

Cada miembro del grupo tiene sus propios dilemas. El prolífico actor alemán Hanns Zischler interpreta a Hans, un judío alemán que se hace pasar por un tranquilo anticuario pero que, en realidad, es un experto falsificador del Mosad. El papel y sus complicaciones emocionales interesaron inmediatamente al actor.

"Es probable que Hans dejara Alemania en los años treinta con su familia en el último momento", explica Hanns Zischler. "Creció en Israel, entonces Palestina, y habla hebreo y alemán. Cree estar unido a los dos países, Israel y Alemania, algo que encaja muy bien con la película. También es un hombre muy reflexivo. Nunca ha sido un hombre de acción, y ahora ve la oportunidad de demostrar su lealtad a Israel trabajando para el Mosad".

El actor tenía 25 años en 1972 y recuerda muy bien lo que pasaba en esa época en Alemania. "Alemania cobraba conciencia a través de la nueva generación. Por primera vez se tenía la sensación de poder hablar del pasado como algo que no había sido del todo resuelto", recuerda. "Pero lo que ocurrió en los Juegos Olímpicos no tenía nada que ver. Vino del exterior, como si un meteorito impactara contra el país. De pronto, nos dimos cuenta de que el escenario de los Juegos Olímpicos había sido invadido por un horrible y sombrío drama. Todo ocurrió por la tele, delante del mundo entero. Personalmente, me pareció fascinante tener la oportunidad de explorar los acontecimientos desde un punto de vista diferente en "Munich"".

El último miembro del grupo de cinco hombres es el meticuloso, organizado y prudente Carl, interpretado por el aclamado actor irlandés Ciarán Hinds. "Hans y Carl no son de la misma generación que los otros tres", dice el actor. "Los cinco son muy diferentes en todos los aspectos, edad, educación, nacionalidad. Algunos han crecido en Europa, otros, en Israel. Se les ha escogido por sus cualidades. Dentro del grupo, Carl es el que exige que los objetivos estén limpios, que no haya daños colaterales, que no se hiera a un inocente. Cree sinceramente que hay un modo correcto de hacer el trabajo por muy horrible que sea".

Para Ciarán Hinds, que creció en Belfast donde los alborotos políticos eran una constante, los acontecimientos de Munich 72 formaban parte de un mundo revuelto. "Estaba muy metido en los deportes cuando era joven, seguía los Juegos por televisión", explica. "Debido a lo que pasaba en Irlanda del Norte, este tipo de violencia se había convertido en algo global para mí. Por eso mismo me interesó mucho la idea de "Munich". Es una forma de ver la historia sin dividirla en blanco y negro. En mi opinión, Steven ofrece una historia que plantea muchas preguntas sin ofrecer las respuestas en bandeja, algo que me parece muy importante".

El grupo sólo puede tener contacto con el misterioso agente Ephraim. Para ese papel, el director y los productores escogieron al aclamado actor australiano Geoffrey Rush, premiado por la Academia, que saltó a la fama por su inolvidable interpretación del pianista australiano David Helfgott en "Shine", y desde entonces ha tenido papeles tan diversos como el del libertino marqués de Sade o el del genio cómico Peter Sellers. El papel de Ephraim también era muy diferente, según descubrió leyendo el guión.

"Tony Kushner es un gran dramaturgo. Supo centrarse en las complejidades que hacen que este relato se convierta en parte significativa de la Historia", dice Geoffrey Rush. "Al principio, Ephraim puede parece otro burócrata sin rostro, pero se convierte en el auténtico mentor de Avner cuando éste empieza a tener dudas morales por lo que hace. Ephraim es una especie de figura fantasmal que aparece de la nada para contestar a las grandes preguntas, morales o de otra índole".

El concepto de la película interesó mucho a Geoffrey Rush, que recuerda ver el atentado de Munich 72 por televisión en Australia cuando tenía 21 años. "Vi que "Munich" era un thriller de espionaje internacional basado en acontecimientos reales y relevantes, donde se describe la estimulante lucha interior por la que pasan los personajes durante un duro viaje hacia la revelación", añade.

Geoffrey Rush basó el acento y la expresividad de su personaje en varias figuras históricas. "Pedí a la televisión australiana varias bobinas de noticias en las que salía Menachem Begin, para tener una referencia temporal y cultural", explica el actor. "Tienen una historia parecida, en el sentido que pasa del radicalismo político a una posición gubernamental mucho más conservadora".

Para subrayar aún más el físico del personaje, Steven Spielberg dijo que siempre había visto a Geoffrey Rush en la piel de Arthur Miller y sugirió que se peinara hacia atrás. Vestido con un traje de corte y color conservadores, con un par de gafas de montura de concha y con el pelo hacia atrás, el actor se convirtió en Ephraim. También trabajó con la asesora de diálogos Barbara Berkery para encontrar un acento que pudiera reflejar la historia de Ephraim. "Estaba empeñado en hablar con gente de ochenta años de ascendencia polaco-judía. Quería oír las entonaciones, los acentos", dice el actor. "Provistos de una grabadora, nos lanzamos cual coronel Pickering y profesor Higgins". Geoffrey Rush encontró incluso más de lo que esperaba. "Conocimos a personas que nos ofrecieron consejos, anécdotas y mucha historia. Consideraba que era parte de mi responsabilidad enriquecer el personaje con tantos detalles culturales como fuera posible".

También está Papa, el furtivo francés que compra y vende información al equipo, y acaba por tener una relación paternal con Avner, algo que el joven agente siempre había echado de menos. El legendario actor Michael Lonsdale, cuya dilatada carrera incluye Chacal, interpreta a Papa. El actor dice que los acontecimientos de Munich 72 dejaron a Francia asombrada. Cuando se enteró de que Steven Spielberg quería rodar una película acerca del atentado y de sus consecuencias, no dudó en ser parte del proyecto. "Fue un placer y un gran honor trabajar con Steven Spielberg", dice. "Papa no es un papel muy grande, pero permite dar mucho".

Filmografía seleccionada del director
"La terminal" (2004)
"Catch Me If You Can" (2002)
"Minority Report" (2002)
"Artificial Intelligence: AI" (2001)
"Salvando al soldado Ryan" (1998)
"Parque Jurásico" (1997)
"La lista de Schindler" (1993)
"Hook" (1991)
"El imperio del sol" (1987)
"Indiana Jones and the Temple of Doom" (1984)
"Twilight Zone: The Movie" (1983)
"ET" (1982)
"Indiana Jones and the Raiders of the Lost Ark" (1981)
"1941" (1979)
"Encuentros del tercer tipo" (1977)
"Tiburón" (1975)
"Firelight" (1964)
"The Last Gun" (1959)




Ficha técnica

Estados Unidos - 2005
Título original: Munich
Dirección: Steven Spielberg
Productora: Amblin Entertainment, Universal Pictures, DreamWorks SKG, The Kennedy/Marshall Company, Barry Mendel Productions, Flashback Productions
Productor: Colin Wilson, Steven Spielberg, Barry Mendel, Kathleen Kennedy
Guionista: Tony Kushner, Eric Roth
Fotografía: Janusz Kaminski
Vestuario: Joanna Johnston
Música: John Williams


Ficha artística

Eric Bana (Avner), Daniel Craig (Steve), Ciarán Hinds (Carl), Mathieu Kassovitz (Robert), Hanns Zischler (Hans), Ayelet Zorer (Daphna), Geoffrey Rush (Ephraim), Meret Becker (Yvonne)



 


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